
El primero en avistar las huellas fue un periodista yemení en 2003
Científicos de Holanda, EEUU y Yemen han descubierto por vez primera pisadas de dinosaurio en la península arábiga, de un gran ornitópodo y un rebaño de 11 saurópodos que coexistieron hace unos 150 millones de años en lo que hoy es la república de Yemen.
“No se habían encontrado pisadas en esta zona antes”, declaró a Efe por teléfono el paleontólogo holandés Anne Schulp, quien afirmó que “la península arábiga había sido un punto en blanco en el mapa de los dinosaurios hasta ahora”, debido sobre todo a la falta de interés de las autoridades.
Schulp, del museo de Historia Natural de Maastricht (Holanda), y sus colegas Nancy Stevens, de la Universidad de Ohio (EEUU) y Mohammed Al-Wosabi, de la Universidad yemení de Saná, publican los resultados de sus investigaciones en la última edición de la revista científica PLos ONE.
El equipo estuvo en el yacimiento de Madar, a 50 kilómetros al norte de la capital, Saná, en 2006 y 2007, afirmó Schulp, y ha completado un mapa y un estudio documentado de las huellas fosilizadas.
Hace millones de años, la zona se encontraba en la costa y estaba cubierta de barro húmedo, en el que se plasmaron las pisadas de estos grandes reptiles, que luego con el tiempo se fueron cubriendo de sedimentos, explicó.
Las rocas en las que fueron halladas son probablemente del periodo Jurásico tardío, de hace unos 150 millones de años, según afirma Al-Wosabi en el estudio.
El primero en avistar las huellas fue un periodista yemení en 2003, que sospechó que se trataba de algo importante y envió una foto por correo electrónico a Schulp.
Los científicos identificaron esa huella como la de un gran ornitópodo, un herbívoro que andaba sobre sus patas traseras y que se conoce como “la vaca del mesozoico”.
Schulp explicó que luego los paleontólogos encontraron otras pisadas pertenecientes a 11 saurópodos pequeños y grandes, unos dinosaurios de largo cuello de los periodos Jurásico y Cretáceo, que se desplazaban juntos.
“Es raro ver un ejemplo tan grande de rebaño de dinosaurios”, según Schulp, para quien se trata de “un comportamiento social interesante en el caso de reptiles”.
También es poco usual encontrar pruebas de la presencia de un ornitópodo de tan gran tamaño en el Jurásico tardío, a pesar de que ornitópodos y saurópodos llegaron a coincidir en el tiempo, añadió.
Hasta ahora sólo se han rescatado unos pocos fósiles de dinosaurio en la península arábiga, que incluyen unos huesos que Schulp estudió en el sultanato de Omán, y posibles fragmentos de un dinosaurio de cuello largo en Yemen.

Un anfibio que nadaba en lagos y capturaba libélulas con la lengua al mismo tiempo que con sus pequeñas patas se movía de forma ágil por la tierra hace millones de años. Este espécimen podría aparcar una de las mayores controversias en la evolución de los vertebrados: el origen común de ranas y salamandras. “La disputa se debía a la falta de un espécimen que mostrara la transición. Este fósil llena ese hueco”, afirma Jason Anderson, profesor de la Universidad de Veterinaria de Calgary y director del estudio.
El fósil de la ‘Gerobatrachus hottoni’ estudiado por los científicos de la Universidad de Calgary
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El fósil de la ‘Gerobatrachus hottoni’ estudiado por los científicos de la Universidad de Calgary- REUTERS
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Científicos de esta universidad canadiense han descubierto un fósil de 290 millones de años que une a las ranas y a las salamandras y podría resolver un largo debate sobre la evolución de los anfibios. La forma en la que las ranas y las salamandras actuales han llegado a su forma actual aún no está clara ya que hay huecos en los registros de los fósiles que muestran la transformación de una forma a otra.
El fósil de la Gerobatrachus hottoni o la tatarabuela de la rana, que aparece recogido en la revista Nature, podría ayudar a aclarar la línea entre los anfibios actuales. “Falta un eslabón entre los fósiles de los animales extinguidos y sus formas actuales”, ha afirmado Jason Anderson, de la Universidad de Calgary, que ha dirigido el estudio. “Esta es una perfecta ranamandra”, ha afirmado.
“Una mezcla perfecta”
La Gerobatrachus muestra una mezcla entre las características de ranas y salamandras, con los huesos de los tobillos soldados como las salamandras, un cráneo grande como el de las ranas y una columna vertebral que es una mezcla de las dos. Por eso Anderson afirma que este descubrimiento confirma que estos anfibios modernos se han dividido en dos grupos a partir de un antepasado común, conocido como el temnospondyl.
Esta especie fue descubierta en Texas en 1995 por un grupo de la Smithonian Institution y debe su nombre a uno de los miembros del grupo, Nicholas Otón ya que traducido significa rana antigua de Hotton. Desde entonces permanecía sin estudiar hasta que fue redescubierto por el equipo de Anderson que se encargó de eliminar cuidadosamente las capas de roca que lo cubrían y descubrir la anatomía del fósil.

Un equipo de astrónomos logro capturar y grabar los primeros momentos del estallido de una enorme estrella.
Tras décadas de búsqueda, con la ayuda de los mejores telescopios del mundo, los investigadores observaron el extraordinario evento.
Previamente, los científicos no habían podido más que estudiar a estas supernovas varios días después de que estallaran.
Los resultados, publicados en la revista Nature, muestran que durante las dos primeras horas después de la explosión una bola de fuego gigante lanzó desechos radiactivos al espacio.
Las estrellas que explotan, o supernovas, son uno de los eventos más espectaculares del universo y producen una cantidad de energía comparable a la detonación de billones de bombas nucleares simultáneamente.
Normalmente, el fenómeno ocurre cuando una enorme estrella -más de ocho veces mayor que el Sol- se queda sin “combustible” y colapsa para formar un vestigio ardiente llamado estrella de neutrones.
Su brillo extremo permite que se vean desde galaxias lejanas.
Pero los observadores sólo pueden ver esta emisión óptica varias horas o días después de la explosión, por lo que los primeros momentos de una supernova son todo un misterio.
Muerte y nacimiento
Esta vez, lo que ocurrió en la constelación de Lynx fue capturado por pura casualidad.
Estuvimos en el momento preciso, en el lugar preciso, utilizando el telescopio preciso
Alicia Soderberg, Universidad de Princeton
Alicia Soderberg, de la Universidad de Princeton en Nueva Jersey, Estados Unidos, y sus colegas estaban utilizando el telescopio espacial Swift para observar la galaxia espiral NGC2770.
Ellos vieron una explosión de Rayos X extremadamente luminosa en un área del cielo que no había mostrado señales de ningún tipo dos días atrás.
“Estuvimos en el momento preciso, en el lugar preciso, utilizando el telescopio preciso”, manifestó Soderberg.
Muere una estrella
Las observaciones iniciales fueron ampliadas por algunos de los mayores telescopios del mundo, que estudiaron el fenómeno por más de 30 días para asegurar que se trataba en efecto de una supernova.
Esta observación es el mejor ejemplo logrado hasta ahora de la muerte de una estrella y el nacimiento de una estrella de neutrones
Kim Page, Universidad de Leicester
“Pudimos observar cómo evolucionaba la explosión desde el mismo comienzo”, aseveró Edo Berger, de los Observatorios Carnegie, de California.
Entretanto, Kim Page, de la Universidad de Leicester, quien dirigió el análisis de los Rayos X, declaró: “Esta observación es el mejor ejemplo logrado hasta ahora de la muerte de una estrella y el nacimiento de una estrella de neutrones”.
Los astrónomos dicen que las supernovas son parte de la historia de la formación del universo debido a que sus grandes explosiones crearon muchos de los elementos que componen los planetas.
La captura de la muerte de la estrella ayudará, según los expertos, a resolver algunos misterios del nacimiento de las estrellas de neutrones y los agujeros negros.

Todo está listo. Esta será una misión histórica’, anunció John Shannon, director del programa de la EEI, durante una conferencia de prensa en el Centro Espacial Kennedy (Florida).
La partida de la misión STS-124 está prevista para las 21.02 GMT del sábado.
Shannon agregó que ya se han completado todas las pruebas de vuelo para lo que calificó como ‘una misión que constituye un desafío para el programa de transbordadores’.
La nave tuvo que ser sometida a una serie de transformaciones en su estructura para alojar en su compartimento de carga el segundo tramo del laboratorio japonés.
‘Estamos en el punto medio. Esta es la décima misión de los transbordadores a la EEI desde la tragedia del Columbia y nos quedan 10 más para terminar la construcción de la EEI’, señaló.
El ‘Columbia’ se desintegró al regresar de una misión científica el 1 de febrero de 2003, una tragedia en la que perecieron sus siete tripulantes.
La NASA tiene previstas tres caminatas espaciales para la instalación del sector central del laboratorio, además de su sistema de manipulación a distancia.
Los principales elementos de ese sistema son dos brazos robóticos que funcionarán fuera del laboratorio, cuyo módulo logístico fue instalado en un lugar transitorio de la misión STS-123 en marzo pasado.
La misión traerá de regreso a la tierra al especialista estadounidense Garrett Reisman, quien luego de completar una estancia de tres meses en la EEI, será sustituido por el astronauta de la NASA de origen canadiense Greg Chamitoff.
Tras un viaje de nueve meses, la sonda estadounidense Phoenix se posará en Marte el domingo para buscar hielo en el permafrost ártico del planeta rojo e indicios químicos de una potencial forma de vida primitiva.
Lanzada el 4 de agosto de 2007, Phoenix será la primera nave que se pose en el ártico marciano para una misión de tres meses.
Tras recorrer 679 millones de kilómetros, la sonda entrará en la alta atmósfera de Marte el 25 de mayo hacia las 23H31 GMT, a una velocidad de 21.000 kilómetros por hora, para iniciar un descenso peligroso antes de aterrizar suavemente a los siete minutos, a las 23H38 GMT, precisó el Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA en Pasadena (California, oeste), que controla la misión.
Sin embargo, el JPL no tendrá confirmación radial hasta las 23H53 GMT, ya que la señal necesita 15,3 minutos para recorrer a la velocidad de la luz los 276 millones de kilómetros que separan el planeta rojo de la Tierra.
Los responsables de la misión califican este acercamiento final como “siete minutos de terror”.
“Hacer aterrizar una nave sin percances en Marte es difícil (…) debido a los numerosos riesgos e incertidumbres”, explicó Edward Weiler, administrador asociado para la ciencia de la NASA.
Desde el comienzo de la exploración de Marte en los años 70, el 55% de las sondas enviadas al planeta no lograron posarse en él.
Al igual que sus predecesores, Phoenix usará un escudo térmico para frenar la velocidad de entrada en la atmósfera marciana, y desplegará a continuación un paracaídas supersónico para disminuir su velocidad.
A continuación la sonda encenderá cohetes retropropulsores que le permitirán posarse con suavidad sobre sus tres pies, en la región de Vastitas Borealis, llano circumpolar que correspondería en latitud, en la Tierra, al norte de Canadá.
Un minuto después de que confirme su llegada, Phoenix permanecerá en silencio radial para ahorrar baterías, el tiempo de desplegar sus dos antenas solares unos 20 minutos después, tras dejar reposar el polvo para evitar que manche los paneles solares.
La primera imagen de Phoenix, la de las antenas solares deplegadas, debe llegar a la Tierra dos horas más tarde, precisó el JPL.
“Phoenix no busca solo estudiar el permafrost ártico sino también determinar si esta región es habitable” para futuras exploraciones, explicó Peter Smith, responsable científico de la misión.
Phoenix está igualmente dotado de instrumentos que al analizar la composición del permafrost, son capaces de detectar moléculas de carbón e hidrógeno, elementos necesarios para la vida. La sonda también puede descubrir otros componentes químicos y determinar si una forma de vida primitiva fue o es todavía posible en Marte.
Dotado de una cámara, Phoenix desplegará un brazo articulado de 2,35 metros capaz de cavar en el suelo a una profundidad de un metro para buscar hielo. La sonda deberá trabajar en temperaturas de entre -73 y -33 grados Celsius.
En 2002, la sonda estadounidense Mars Odyssey encontró signos que respaldan la teoría según la cual vastas extensiones marcianas, incluidas sus planicies árticas, contienen agua congelada a menos de un metro de profundidad.
Otros dos robots estadounidenses, Opportunity y Spirit, que exploran desde hace tres años la superficie de Marte, también encontraron indicios de la presencia de agua en el pasado.
El costo de esta misión es de 420 millones de dólares.
El fósil de una rata gigante exhumado en Uruguay que vivió hace unos cuatro millones de años ha creado polémica: su peso, que en enero se había estimado superior a una tonelada, ha bajado vertiginosamente tras las investigaciones de la Universidad McGill de Montreal.
La investigadora Virginie Millien realizó nuevos cálculos a partir de la dentadura del fósil comparándola con una muestra mucho más amplia de roedores. Su conclusión es que el animal, “sin duda el roedor más grande descubierto hasta el momento” podría “no pesar más de” 350 kg.
Su estudio se publicó el miércoles en la revista británica Proceedings of the Royal Society B, al igual que el primer estudio realizado por Andres Rinderknecht, del Museo Nacional de Historia natural y Antropología, y Ernesto Blanco, del Instituto de Física de Montevideo, publicado el pasado mes de enero.
Estos habían sido los primeros en hacer público el descubrimiento de este roedor gigante, cuya cabeza mide 53 centímetros. Estimaron que el peso podría oscilar entre los 468 kilogramos y las 2,5 toneladas, según los sistemas de evaluación, y establecieron como una tonelada la cifra más probable.
Semejante roedor que debía parecerse más a un hipopótamo que a una rata común de hoy en día, ha sido bautizado Josephoartigasia monesi, en honor a Álvaro Mones, un paleontólogo uruguayo especialista en roedores de América del Sur. A pesar de sus medidas impresionantes, se trataba de un animal herbívoro.

Científicos australianos anunciaron hoy que han logrado integrar un fragmento de ADN del tigre de Tasmania, una especie extinta en 1936, en un embrión de ratón.
Andrew Pask, quien dirigió el equipo del departamento de Zoología de la Universidad de Melbourne que realizó el experimento, explicó a Efe que es la primera vez que se utiliza el ADN de una especie desaparecida “para inducir una respuesta funcional en otro organismo vivo”.
“Podemos repetir la misma prueba con otros animales extintos como los mamuts o los dinosaurios, de los cuales tenemos muchísimo ADN y aprender cómo funcionaban parte de sus genes”, indicó Pask, quien subrayó que el descubrimiento abre las puertas a muchos experimentos.
Opinó que ideas hasta ahora reservadas a la imaginación o películas como “Parque Jurásico” podrían convertirse en realidad, y medio bromeó al poner como ejemplo la posibilidad de crear un ratón con alas de pterodáctilo.
“Esto no creo que sea posible, pero es un ejemplo para que se entienda cómo podemos seguir ahora la investigación”, dijo.
Según Pask, “continúa abierta la posibilidad recrear al completo la secuencia de ADN del animal, una posibilidad que plantearon los científicos del Museo de Australia”.
El experimento abre también otros horizontes, ya que puede permitir llegar a saber cómo era la piel de los dinosaurios o si tenían la sangre fría o caliente, o conocer los secretos que puedan guardar genes en los fósiles de los hombre de Neandertal.
La investigación, que fue llevada a cabo por Pask y su colega Marilyn Renfree, y cuyas conclusiones serán publicadas esta semana en la revista científica “PLos One”, empezó cuando lograron extraer eslabones del gen Col2a1 de cuatro ejemplares de tigre de Tasmania o “thylacinus” de 100 años de antigüedad que habían sido preservados en etanol en el Museo de Victoria.
Ensamblaron los fragmentos y formaron un gen que participa en el proceso de crecimiento óseo y que es similar a un gen que tiene el ratón.
Conseguido el gen, le añadieron una bacteria que produce el color azul y lo integraron en un embrión de ratón.
Pask explicó que el cartílago en los huesos en desarrollo del ratón embrionario creció de color azul, lo que demuestra que el gen del tigre funcionaba en su nuevo huésped.
Hace nueve años, el entonces director del Museo de Australia, Mike Archer, descubrió un embrión de este pequeño tigre-marsupial en un frasco olvidado en el almacén de la entidad.
La muestra fue enfrascada en 1866 y si bien inicialmente se creyó que el ADN estaba casi en perfectas condiciones para poder devolverlo a la vida, Pask dijo creer que la realidad no fue así.
Archer, que ahora es decano de Ciencia de la Universidad de Nueva Gales del Sur, manifestó hoy a radio ABC que su idea puede estar ahora más cerca de la realidad.
Sería necesario realizar el proceso con la secuencia entera del ADN del animal, y por el momento en el Museo de Australia han logrado recoger ADN de tejido del corazón y el hígado del embrión, y de músculos, del fémur, de la médula ósea, y de un premolar de otros ejemplares.
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